viernes, 27 de julio de 2007

Estos saludables muertos


De tiempo en tiempo insistente siento una débil voz que me dice: hoy toca entierros. Hoy la oí en plan juerga aunque mi fondo pesimista me replica rápido: los entierros aunque sean un chiste no son graciosos. Uno se levanta con buen ánimo y la voz convence al ánimo de que todo se muere y no sólo la gente, que es lo que menos importa. Todo tipo de voceros constantes me lo anuncian, que muere el circo, la novela, la pintura, la música clásica, Dios, el lince ibérico……. O ya han muerto. Son muertos que veo de buena salud, bueno, con la salud que disponen los que ya de mayores soportan sus achaques. Yo creo que intentan matarlos los que compiten en acertar proféticamente lo que estará con vida después de los entierros. Seguro que cada profeta aviene sus profecías a sus preferencias o intereses.
Claudiqué, desisto de perseguir al último neonato para sentirme vivo. Quizás sea que yo también empiezo a estar muerto.

domingo, 24 de junio de 2007


La caligrafía, una disciplina odiada por los antiguos escolares: plumilla, tinta y blanco papel. No esta tan alejada nuestra caligrafía de las magníficas grafías orientales y como en ellas, en el rasgo de la pluma o del pincel queda limpiamente dibujada el carácter de la mano artesana. Mecánica repetida un millón de veces en la que el tiempo atroz depura el gesto que designa el alma.
Es probable que esta cálida desnudez de la caligrafía nos recuerde la tibieza de los mensajes orales y que su plástica estricta sea como la modulación de la voz en el habla, el artificio nos descubre además del mensaje, las ocultas intenciones del calígrafo.

viernes, 22 de junio de 2007

Creer


Todo lo que se barrunta existe porque para existir solo hace falta que alguien sienta que algo pueda ser por mas peregrino que fuere lo que sea que siente. Y tú no te sonrías incrédulo, esta pincelada doy para decirte, y muy seguro de ello estoy: al menos la mitad; y seguro me quedo corto; de todo lo que en firme crees creer se puede catalogar de simple ilusión.
Así pues creo que la mitad de lo que eres sólo es porqué tú te lo crees, lo que ya es creer hombre de mucha fe. Si no fuera por las radicales necesidades de los sentidos fuéramos gráciles ángeles, no sé si caídos o enaltecidos por esta fuerza misteriosa con que la imaginación nos dota.
No sería la cosa más que otro juego divertido sino fuera porqué en demasiadas ocasiones estas ilusiones nos gobiernan fuera de toda lógica y cuando estas ilusiones generan encontronazos con las de otros ilusos tenemos el lío asegurado.

domingo, 10 de junio de 2007

El Globo


Siento que la globalidad se me ha merendado y tengo el sentimiento de que todos hemos sido engullidos por esta particularidad de características excesivas. Nada de lo atesorado durante las vidas de varias generaciones sirve como defensa a la vulgaridad en la que nos ha convertido el encogimiento súbito del mundo. No pienso resistirme a todas las muertes anunciadas, la mía inclusive pues hoy tomé lo suficiente para pensar en positivo, igual así nace un niño y no el medrar interminable que siempre temí de un viejo andrajoso. Quizás este tiempo erizado de dificultades despierte al cuerpo sedado del bienestar y Lázaro vuelva a andar, aunque sea lento.
Estamos en esta fiesta perpetua honrando con contagiosa alegría a un muerto, comiendo de sus últimos obsequios, solemnemente esclarecido el hecho de que cuando acaben los festejos habremos de enfrentarnos a una realidad poco deseada. ¡Viva la fiesta!

viernes, 2 de marzo de 2007

Amor y hambre


Los amantes no tienen hambre, mejor dicho, no tienen el tipo de hambre que pasa de manera prioritaria por la cocina. La sofisticación en este caso se busca por otros derroteros.
Vivo en un país de hambres ancestrales y son frecuentes las leyendas donde la comida es uno de los protagonistas sino el principal. Recuerdo que me contaron hace ya tiempo que tal pareja (no sé si aún vive) pasaron la luna de miel encerrados a cal y canto en la habitación de su propia casa. Se enclaustraron en el tálamo junto a una abundante provisión de pan, jamón y vino. Y allí estuvieron hasta que dejaron los jamones en el hueso, evaporaron el vino y roído hasta la última migaja el pan seco y duro. Del vínculo creado por la larga noche de bodas nació la leyenda de la solidez de su amor, de su capacidad de holgar y comer hasta la extenuación y tres hijos acomplejados para el resto de sus vidas por las tempranas y públicas proezas de sus progenitores.

viernes, 12 de enero de 2007

Azul y alba




Iba de azul y alba. Yo nunca le vi, y ya nunca le veré. El juego ancestral de sangre y arena se diluye en una dócil y correcta muerte en la cama. Las tardes familiares de sol y sangre en la plaza tienen fecha de caducidad. Muere casi en silencio el último circo romano.


La fiesta hecha de papeles coloreados pegados en puntas de acero se quiebra y con ella, su danza de cautelosa geometría triangular, los cuadrados plantes como de figuras de cera y el dominio lento y pausado de sus elaborados arabescos.


De todos los ritos y tradiciones acumulados durante siglos de fiesta, me quedo con la sensación, siempre presente, de que algo grande puede ocurrir en la plaza en cualquier momento. Que alguna vez ocurrió, lo saben los adictos, tardes de inolvidable conjunción de intereses entre público, toros y torero desde donde forjar el milagro de unas faenas que alimentaban su propio mito y recuerdo.

domingo, 31 de diciembre de 2006

¿Que haces?


Tanto me cuesta todo, que no me pregunto nada.
Ni pienso si existo.
Todo me cuesta tanto que a menudo me digo:
¡Haz algo!, lo mismo que ahora escribo, pero no caigo nunca en lo que hacer.
Cuando sin querer pienso en lo que dicen que debería pensar, repaso: ¿Luces fundidas?, ¿poner el árbol de Navidad?, ¿sacar la basura a la calle?, ¿hacer la cama?
Como no sea el robarte unos tibios pellizcos todo se me olvida.
Si me diriges sin aviso la palabra, nada entiendo. Insolente sin freno te miro, pues me sacas en un sin querer de quicio.
Divago ahora mismo sobre el quicio soportador de puertas.
¡Exacto!, me arrancas de los goznes que me atrancan al muro sin lamentos. Las palabras, desprenden y arrastran mi puerto a tu orilla, y de golpe, me encuentro aturdido a tu orden si me pides:
¿Que haces?