
Andamos los hombres inventando dioses desde que intuimos el abismo de la muerte o desde que accedimos como el león a dormir la siesta o desde que percibimos en la locura del azar rasgos mágicos y peligro.
En realidad Dios es la protección que imploramos al proyectar soledad y
muerte.
En realidad Dios es la protección que imploramos al proyectar soledad y
muerte.